PADRES
Para los padres nunca es fácil enterarse de que su hijo sufre algún problema en su desarrollo. Las reacciones ante esta situación suelen ser parecidas; angustia, culpa, desconcierto, miedo, depresión. Lo mismo ocurre con las parejas cuyos hijos sufren TDAH. No saben qué hacer; creen haberlo intentado todo y no encuentran una solución; sienten que son los únicos que tienen un problema en casa.
Los sentimientos ante el diagnóstico son muchos, pero detrás de ellos se esconde el miedo a una ruptura de las expectativas y valores familiares. Esto puede dar lugar a conductas paternas ansiosas o agresivas que pueden ser muy perjudiciales para el niño.
Por esta razón, es importante que los padres que se enfrenten a un diagnóstico de TDAH conozcan la cadena de reacciones que este trastorno puede generar sobre ellos. De esta forma se sentirán menos solos y podrán reflexionar sobre las causas y consecuencias de su comportamiento. Además, les será más fácil aliviar su ansiedad y encauzar sus esfuerzos hacia la búsqueda de la mejor forma de educar y comportarse con su hijo.
Las reacciones comunes a un diagnóstico suelen ser las siguientes:
Desconcierto
- Se da en aquellos padres con niños muy pequeños cuyos síntomas son controlables en el ámbito familiar. Por esta razón, no pueden comprender que el niño tenga problemas en el colegio
Negación
- "Esto no le puede estar pasando a mi hijo, a mi familia". La negación surge de la mano del miedo a que su hijo sea rechazado por compañeros y profesores. En estos casos, negar los síntomas de TDAH no protege al niño del rechazo social, solo le impide recibir ayuda adecuada.
- Por otra parte, algunas parejas no se sienten capaces de afrontar un trastorno crónico y tienden a responsabilizar a profesores, parientes o incluso a sí mismos por los problemas del niño. La negación puede rápidamente convertirse en ansiedad, pena, ira u hostilidad. Estos sentimientos suelen dirigirse al personal médico involucrado en el diagnóstico del niño. El enfado puede además afectar a la comunicación en la pareja.
Enfado
- Tiene que ver con la frustración ante la sospecha (errónea) de que el niño podría superar su problema si se esforzara lo suficiente. Por otra parte, el padre siente rabia hacia sí mismo, por sentir que le ha fallado a su hijo. Detrás del enojo se esconden sentimientos de desamparo, desesperanza y frustración.
Culpa
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De entre todas las preguntas que podrían llegar a surgir ante un diagnóstico de TDAH, la pregunta más angustiante es: "Es culpa mía que mi hijo sufra este trastorno?". Dudas sobre descuidos durante el embarazo, y sobre la educación que le han proporcionado al niño; dudas acerca de su alimentación o posibles traumatismos que éste haya podido sufrir. En estos momentos, surgen preguntas acerca de cualquier hecho que haya podido generar un TDAH en su hijo.
Miedo
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Esta sensación surge ante el desconocimiento del TDAH y suele paralizar a algunos padres. Al ser éste un trastorno poco conocido, los padres se preguntan qué sucederá con su hijo a los cinco, veinte, treinta años.
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Además tienen miedo de que el problema de su niño sea peor de lo que posiblemente pudiera ser. Surge el miedo al rechazo de la sociedad, a cómo los hermanos o incluso ellos mismos podrían ser afectados, preguntas sobre si otros miembros de la familia, o incluso ellos mismos podrían sufrir TDAH, preocupaciones acerca de si el niño tendrá amigos, si llegará a tener pareja, si podrá ir a la universidad o sabrá ganarse la vida.
Rechazo
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El rechazo puede estar dirigido hacia el niño, hacia el personal médico, o hacia otros miembros de la familia. En aquellos padres con depresión profunda, una de las formas más serias de rechazo es un "deseo de muerte" para el niño, que les genera a su vez una enorme sensación de culpa. La sacudida de sus expectativas hace que a muchos de los padres les cueste aceptar al niño como una persona de valor en desarrollo.
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Por otra parte, si uno de los padres del niño también tiene TDAH (dado su carácter genético), el hijo se vuelve un recordatorio doloroso de las dificultades experimentadas por él mismo años atrás, y que aún no ha sido capaz de resolver.
Impotencia y desamparo
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Estos sentimientos surgen ante la imposibilidad de cambiar lo que le sucede al niño. En estos casos los padres se verán obligados a depender de especialistas y profesores. Esto puede resultarles particularmente difícil, ya que a la mayoría les gusta sentir la sensación de que pueden proteger a su familia ante cualquier peligro. Y en estos casos se ven obligados a dar información íntima y a depositar su confianza en desconocidos.
Desilusión
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Ante la posibilidad de que su niño no sea perfecto. Los padres deberán tener mucho cuidado a la hora de enfrentarse a este sentimiento. Su frustración puede llevarlos a no aceptar al niño tal como es y a exigirle cosas que él no puede hacer, lo que generará en él sentimientos de hostilidad y resentimiento.
Alivio
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Algunos padres sienten un verdadero alivio al enterarse del diagnóstico. Al ser el TDAH un trastorno de carácter genético, se sienten menos culpables e incompetentes en lo relativo a la educación de su hijo. Además, la identificación del trastorno los hace consientes de la posibilidad de recibir ayuda.
Compensación
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Los padres tratan de compensar los "fallos" del niño organizando sus actividades, estudiando por ellos o contactando con sus amigos; una actitud exageradamente sobreprotectora que impide que el niño madure. Esta actitud tiene que ver con la ansiedad de los padres ante un trastorno que desconocen, y que perciben más grave de lo que es. A su vez, los padres pueden responsabilizarse en exceso del futuro de sus hijos.
Aceptación con respuesta poco eficaz
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Los padres reconocen el problema del niño, pero no pueden organizarse para ayudarle; se olvidan, aplican medidas educativas de forma inconstante o tardan mucho en contactar con el especialista. Todo esto hace que la situación con su hijo llegue a un punto insostenible y deteriora su relación con él.